Thomas J. Watson
El Hombre de negocios
“Uds. tienen que poner su
corazón en el negocio y el negocio en su corazón”
Thomas
J. Watson
Pocas veces un hombre ha tenido tan buena influencia
sobre una entidad de negocios como Thomas J. Watson con sus 40 años de inspiración, líder
y patriarca de la IBM Corp.
El líder reconocido de la industria de la
computadora por casi cuatro décadas, IBM debe su éxito en gran parte a los gustos,
creencias e ideales de Watson,
quien llevó a su compañía casi al nivel de una religión organizada.
Ciertamente en sus primeros días IBM estaba infundido de un tono casi
religioso: sus reuniones parecían como asambleas de evangelistas, con
fervorosas convenciones con grupos cantando, slogans inspirados, y la siempre
presente benévola e imprevisible figura paternal de Thomas Watson, mirando y sobrevolando todo ese
universo.
Watson se hizo tan influyente que no
solamente tuvo estrechas relaciones con tres presidentes de los EE. UU. sino que también estaba allegado a las figuras sociales y
políticas más importantes del mundo.
¿Cómo lo hizo? ¿Cómo hizo un vendedor de maderas de Painted Post, New York, para
crecer tanto como para construir un imperio que 30 años después de su muerte
tiene instalaciones y operaciones en más de 100 países y emplea casi a un
cuarto de millón de personas?.
La respuesta está en la fuerte personalidad de
Watson, sus altos ideales, su habilidad para
aprender de los demás y de sus propios errores. En un camino que no siempre era
fácil él rápidamente convertía las circunstancias desfavorables en
oportunidades por medio de su ingenio y de su marcada fuerza de voluntad.
La historia empieza sencillamente con el nacimiento
de Thomas el 17 de febrero de 1874, hijo de un hachero. El joven Watson transcurrió su niñez sin grandes
novedades. No era ni muy estudioso ni atlético. Era vivaz y agresivo, con un
temperamento rápido que lo atormentó toda su vida. Utilizaba mucho tiempo para
ayudar al funcionamiento de la granja familiar: entrenaba caballos, cosechaba y
talaba árboles.
Como su propio hijo Thomas J. Watson Jr. diría más tarde él creció en un
hogar común y feliz, donde los medios y quizás los deseos eran modestos y la
moral era estricta. Los valores importantes como él los aprendió eran para
hacer bien las tareas, tratar a los demás con dignidad y respeto, estar bien
vestido, limpio y ordenado, ser eternamente optimista y por encima de todo,
leal. No solamente Watson retendría esos mismos valores durante toda su vida,
sino que los vería exitosamente instalados en los miles de sus trabajadores
durante casi el medio siglo que tuvo las riendas de la corporación IBM.
Su padre, con una escasa educación formal, tuvo
grandes ambiciones para con su hijo, y le aconsejó para que fuera abogado. El
joven Watson, sin embargo, tendió a la enseñanza y
llegó a ser un profesor substituto. La leyenda dice que le tomó solo un día a
Watson aclarar su mente. Al final de ese día concluyó que terminaba su carrera
de enseñar. No podía entrar a un salón de clases con un grupo de niños a las
nueve de la mañana y pensar que tenía que estar hasta las cuatro de la tarde.
La siguiente alternativa de Watson resultó ser un amor más verdadero:
entraría en los negocios. Después de un año en la Miller School
of Commerce en Elmira, New York, estudiando contabilidad y negocios, se empleó
como tenedor de libros en un mercado de carnes. Era el año 1892 y su salario
era de seis dólares a la semana. Aunque era considerada una buena suma de
dinero, el desafío no era apremiante. No podría estar sentado en un taburete
alto y custodiando libros toda su vida. La oportunidad vino en ayuda de Tom Watson en la persona de George Cornwell,
un vendedor viajante de pianos, órganos y máquinas de coser. Cornwell le ofreció a Watson un empleo como su ayudante con
un salario de 10 dólares a la semana y le podía proveer sus propios caballos
para tirar del carro. Así comenzó una aventura por todo el país y docenas de
pequeñas villas y pueblos quedaron en la memoria de Watson durante toda su
larga y distinguida carrera. Nunca dejaría de ser un viajero.
Cuando Cornwell dejó la
compañía, Watson consiguió su territorio, y fue el
empleo más responsable que haya tenido.
Watson recordó muchos años más tarde que se sentía más importante que en
cualquier otra posición de las que después tuvo, pues era el gerente general,
el gerente de ventas, el contador, el repartidor. Era la organización
entera.
Hacia 1894, el padre de Watson, cuya granja había sido señalada con
la mala suerte y desastres naturales, le permitió a su único hijo dejar Painted Post. Sentía que no era un lugar para que su hijo
malgastara la vida. Tom fue a Buffalo.
Allí halló por breve tiempo un empleo vendiendo máquinas de escribir, seguido
de un empleo en la Buffalo Building
and Loan Association
vendiendo su stock al público para financiar el crecimiento de la compañía.
Mientras estaba arreglando una transacción de la Buffalo
Building en las oficinas de la National Cash Register
(NCR), Watson solicitó un empleo como
vendedor. Tuvo que hacer varias tentativas pero finalmente convenció al gerente
John J. Range para que lo empleara en octubre de
1895. Watson se encontró a sí mismo cara a cara con la realidad de las primeras
ventas en el país, como indicaba el informe de NCR. El cerebro de NCR, su
presidente John H. Patterson, hizo un lanzamiento que había sido adoptado en
1887 y transcribía palabra por palabra el
usado por la compañía que más dinero ganaba en esos tiempos.
Watson en un principio no tuvo suerte para
vender cajas registradoras. Después que había trabajado 10 días si hacer una
sola venta, Range le abrió los ojos con un áspero
discurso contándole cómo eran las realidades de vender. Cuando Watson pensaba
que le iba a quitar su empleo, Range cambió el tono
de su discurso y sugirió que los dos juntos salieran a vender algunas máquinas.
A Watson la experiencia con Range le enseñó dos
grandes cosas. De él aprendió una devastadora técnica, como él la llamó y
también aprendió a vender.
Cuatro años más tarde, a los 25 años, fue promovido
a gerente en Rochester, New York. Este era un
territorio que nadie quería tomarlo. Pero Watson lo aceptó y allí comenzó su dramático
ascenso a las alturas del mundo de los negocios.
En 1903 la reputación de Watson era lo bastante sólida como para ser
escogido entre otros 400 vendedores de NCR para encabezar una nueva subsidiaria
secreta. Seleccionado en parte por su humildad, Watson ahora debía ser el
cerebro de la hazaña de ganar el control de las ventas de cajas registradoras
de segunda mano en todo el país. Uno de los grandes éxitos de NCR fue que
vendieron máquinas muy duraderas y esto trajo una situación molesta ya que
aparecieron competidores vendiendo productos NCR usados. El nuevo plan fue
lanzar un muy bien financiado y bien organizado ataque frontal hacia esas
operaciones. Además nadie debía saber la conexión con NCR. Viendo esta empresa
como una oportunidad personal, Watson tomó su designación con entusiasmo y
probó su talento como ejecutivo. Tomando el papel que debía desarrollar,
estableció almacenes al lado de sus competidores exitosos, copió sus éxitos,
desechó sus fracasos, vendió más barato que ellos, empleaba a sus vendedores y
con el tiempo los dejaba fuera del negocio. Se dice que Watson siempre lamentó
sus experiencias durante esos años y pocas veces las mencionaba. Por otro lado,
su táctica era como podía ser bajo esas circunstancias. Siempre trató a sus
competidores con consideración y les ofertaba soluciones generosas.
En 1907 el secreto dejó de serlo y NCR anunció que Watson era el encargado de negocios de la
compañía de segunda mano. Ahora era el tercer hombre más poderoso de NCR y
tenía 33 años de edad. Patterson pronto exhibió su mala fama en un gesto que
tuvo la significación de mostrar su aprecio por Watson y sus años de difícil
trabajo. Durante una visita a Watson en su cuarto de hotel, Patterson le
comentó si no pensaba cambiarse de casa y le construyó una y además en poco
tiempo le suministró un elegante auto Pierce-Arrow.
En el medio de la buena fortuna material de Watson, encontró la mujer que estaría junto a
él. Jeannette Kittredge, hija de un exitoso hombre de
negocios de Ohio. Watson tenía 38 años y Jeannette 29 cuando se conocieron en
1912. Un año más tarde se casaron. Como regalo de boda Patterson les regaló una
casa de veraneo especialmente construida cerca de la suya. Menos de seis meses
después, Patterson despedía a Watson.
Watson era uno más en la línea de hombres
distinguidos despedidos por Patterson. El presidente era conocido por cultivar
fuertes e inteligentes consejeros hasta que alcanzaban un límite en donde
Patterson pensaba que lo sobrepasaban. Los finales eran veloces y
frecuentemente severos, como el caso de un ejecutivo que volvía de viaje y
halló su escritorio y su silla en llamas fuera de la fábrica. El final de
Watson en NCR no fue muy dramático y terminó con un
período de meses durante los cuales la relación entre los dos hombres se volvió
más y más difícil. Patterson según se dice se volvió muy envidioso de Watson y
de su popularidad en la fuerza de ventas, pero el catalizador final fue un
desacuerdo respecto a la política de la compañía. No solamente Watson estuvo en
desacuerdo con una propuesta de Patterson sino que lo enfrentó delante de otros
ejecutivos. Repentinamente el acceso de Watson a Patterson fue reducido casi a
la nada y con el correr de las semanas llegó a la conclusión que no era más
necesario.
Durante tres cortos meses Watson estuvo sin empleo. Cuando dejo su
oficina en NCR por última vez dijo que por lo menos
él había ayudado a construir uno de estos edificios y que ahora iba a construir
un negocio más grande que el que tenía John Patterson.
Inundado con ofertas de empleo por exitosas
compañías que lo tentaban con un importante salario por sus probadas
habilidades, Watson deseaba asumir el liderazgo de una
compañía, trabajar solamente por una comisión y tener acciones y participación
en las ganancias. Halló el medio ambiente perfecto para desarrollar su talento
en la recientemente formada Computing Tabulating Recording Co. (CTR), resultado de la fusión de la Herman Hollerith’s Tabulating Machine Co., la International Time Recording Co., la
Dayton Scale Co. y la Bundy Manufacturing Co.
Watson comenzó en CTR en 1914 con un salario anual de 25000
dólares y una opción de 1220 acciones. Después de tres meses Watson fue el
presidente y su principal objetivo era brindar a CTR una posición de avanzada
frente a las crecientes necesidades para el cálculo automático. Con Hollerith perdiendo interés por las innovaciones
técnicas al sentir que perdía el control de la compañía, Watson reconoció la
necesidad de seguir adelante con la investigación y el desarrollo,
especialmente con la mirada puesta en un equipo superior al que estaba siendo
producido por James Powers.
Powers dio a conocer que tenía una máquina
estadística que imprimía resultados en oposición a la de Hollerith que era manual y tenía una perforadora
eléctrica en lugar de una manual, y un clasificador horizontal en lugar de uno
vertical como el que Hollerith había diseñado para las atestadas oficinas del
ferrocarril. Pero la situación era peor todavía, Powers alquilaba las máquinas
a 100 dólares por mes mientras que CTR lo hacía a 150.
En octubre de 1914 Watson estableció un departamento de
investigación bajo la tutela de uno de los hombres de Hollerith, seguido dos años más tarde de un
laboratorio. Así fue que el ingeniero Clair D. Lake
inventó una impresora - listadora
superior que salvó a la Tabulating Machine Co. de la ruina.
En la primer reunión de ventas de CTR en 1919, Watson dramáticamente reveló
el secreto de la máquina y con un golpecito en un interruptor el dispositivo
comenzó a imprimir resultados mientras el flujo de tarjetas caían a través de
él. Los vendedores se pararon en las sillas y vivaban, teniendo la sensación
que ellos estaban por fin frente a un éxito comercial.
Y así fue. La Tabulating Machine Company estaba para
revolucionar la industria en una dirección hacia la contabilidad por el
procesamiento de datos y las comunicaciones globales, y en la vanguardia de una
tecnología que los grandes hombres de siglos anteriores habían soñado pero no
habían sido capaces de lograr.
Seis años después que Watson llegó a la compañía, la renta bruta de
CTR se había más que triplicado de u$s 4 millones a casi
u$s 14 millones. El año 1920 vio a la firma
hacer más negocios que los que habían hecho en los cuatro años anteriores
juntos. A pesar de la recesión de 1920 la compañía seguía su camino llevada en
gran parte por la confianza y el dinero prestado por la Guaranty Trust Co.
Hacia 1924 los accionistas estaban recibiendo dividendos tres veces mayores que
en 1913 y el valor comercial del inventario era más de cinco veces de su valor
original.
En 1924 Watson llegó a ser el CEO (chief executive officer) de la compañía y su nombre pasó a ser
International Bussiness Machine.
“Internacional” para sugerir el alcance proyectado de su influencia, y
“Máquinas de negocios” para indicar la diversidad de sus intereses.
Watson estaba ahora completamente a cargo y
comenzaba una campaña para imprimirle su dinstintiva
personalidad a la organización. El sentía que sus trabajadores debían exhibir
lealtad, unidad, idealismo, entusiasmo y compromiso espiritual. El dijo: “Uds.
tienen que poner su corazón en el negocio y el negocio en su corazón”. La
lealtad extrema que Watson obtenía de sus hombres llegó a ser conocida como “el
espíritu de la familia”. Y si alguno se sentía poco generoso a las demandas de
un paternalista CEO las puertas estaban abiertas para que se fuera. Así la
compañía ofrecía a sus empleados un country club, programas educativos y celebraciones de gala que
surgían del amor de Watson para las ceremonias, el lujo y las apariencias
impresionantes.
Durante la Depresión de los años 30, Watson fue un vencedor en lugar de una
víctima. Aunque la industria de los equipos para oficinas sufrió una
disminución del 50 % en esos tiempos, IBM tuvo estabilidad. Continuó su programa de construcciones y trajo más equipos
para ser almacenados para su uso futuro. En 1935 cuando el recientemente creado
Sistema de la Seguridad Social solicitó que alguien llevara su contabilidad,
fue IBM quien pudo dar una mayor garantía para firmar el contrato. Otras
agencias del New Deal y
otros cambios sociales ayudaron a hacer de IBM un verdadero gigante. La
legislación comenzaba a tener un requerimiento cada vez más detallado y debía
ser guardado en cada etapa tanto en los negocios como en el gobierno. En la
última mitad de los años 30 la rentabilidad de las máquinas de contabilidad
eléctrica se duplicaron. Hacia 1940 la empresa estaba
haciendo más negocios que cualquier otra compañía de equipos de oficina. Su
curso era el adecuado.
El compromiso de Watson con los contratos del New Deal lo acercaron más y más a
Washington D.C., como así también a defender los
intereses de los negocios de la administración Roosevelt. Watson hablaba
favorablemente del FDR’s New
Deal a la comunidad de los negocios. Por su apoyo,
Roosevelt ofreció a Watson ser embajador en Gran Bretaña y la oficina de la
Secretaría de Comercio, declinando a ambos ofrecimientos. Sin embargo prestó
toda su atención para construir una organización europea para IBM. Sus esfuerzos culminarían en la
organización de la IBM Trade Corp. en 1949. “La Paz
del Mundo a través del Comercio de Mundo” pasó a ser el slogan de IBM. Como
presidente de la Cámara de Comercio Internacional, Watson se hizo muy conocido
a través de sus conferencias y muchas sucursales extranjeras eran conocidas
como Watson Business Machines.
Cuando comenzaron las hostilidades de la Segunda
Guerra Mundial en Europa, Watson puso todas las facilidades de IBM a disposición del gobierno. Además de
ejecutar tareas de contabilidad relacionadas con la guerra, IBM también
realizaba parte de los motores para las naves aéreas. Por su cooperación con
los objetivos del gobierno Watson recibió la Medalla al Mérito. Fue durante la
guerra que IBM entró en el negocio de las computadoras, en gran parte en
respuesta a las ideas innovadoras y a las necesidades financieras del inventor
Howard Aiken, entonces en la Universidad de Harvard. Aiken, como los anteriores pioneros
de la computación, estaba preocupado por la gran cantidad de cálculos que
necesitaban la ciencia, la tecnología, y el gobierno. Después de la lectura del
trabajo original de Charles Babbage concerniente a su teórica Máquina
Analítica, Aiken se preguntó si las calculadoras
existentes podían ser combinadas en una súper gran calculadora. Específicamente, Aiken se preguntaba
acerca de los altamente exitosos Multiplicadores 601 de IBM. Pero pronto
concluyó que se debía comenzar de abajo hacia arriba como oposición a cualquier
resultante de combinar las varias máquinas existentes.
Acercando a IBM a un inventor extremadamente respetado
como James Bryce, Aiken promovió la posibilidad de un proyecto. Sobre la
presentación de la idea de Bryce a Watson, quien tenía una fe ciega en la
ciencia y la tecnología, consiguió tener 500.000 dólares disponibles para
desarrollar la tarea. La guerra amenazó parar el proyecto antes de que
comenzara, pero cuando la Marina de Guerra -en la cual Aiken era teniente-
reconoció el valor del dispositivo para resolver sus problemas, Aiken fue
destacado para completar el trabajo. En IBM comenzó a trabajar un equipo de
ingenieros conducido por Clair Lake para ayudar a
Aiken en el proyecto .
Cinco años más tarde, en 1944, la Calculadora
Automática de Control de Secuencia familiarmente conocida como la Mark I fue develada. Midiendo 9 metros de
largo y dos de alto, la Mark I que tenía alrededor de 800000 componentes y
ofrecía 60 registros para constantes, 72 registros de almacenamiento para
adición, una central de multiplicación y
una unidad de división y podía computar elementales funciones transcendentales
tales como logaritmos y senos. Contenía más de 400 km.
de cables. El dispositivo podía manejar 23 dígitos de números decimales y podía
ejecutar sumas en 0.3 segundos y multiplicaciones en 3 segundos. Un minuto y
medio necesitaba para determinar logaritmos con 20 lugares de decimales.
Considerando su logro de “hacer verdadero el sueño
de Babbage”, como ciertamente fue, Aiken hizo un
acto desafortunado respecto al éxito completo de su desarrollo. En la víspera
de la ceremonia de presentación, se dice
que Aiken introdujo a la Mark I a la prensa sin el conocimiento de
Watson ni de IBM. Como un hombre que gozaba con los
créditos conseguidos, Watson estaba enfurecido por la acción de Aiken. Dijo
estar enfermo por lo ocurrido y arremetió contra Aiken: “Ud.
no puede poner a IBM en una postdata. Yo pienso de IBM tal cual lo hacen los
hombres de Harvard con su universidad”. En un acto como de venganza y como
tentativa de eclipsar a la Mark I, Watson ordenó a sus ingenieros producir una
máquina imponente. Sin embargo, antes de que ellos la pudieran realizar, la
primera computadora electrónica operacional fue
desarrollada en la Universidad de Pennsylvania en 1946. El ENIAC fue una máquina revolucionaria, presentó una velocidad y una flexibilidad muy
lejos de los aparatos electromecánicos previamente conocidos. IBM aumentó el desafío
y en 1948 introdujo el Calculador Electrónico Secuencial Selectivo (SSEC).
La Guerra de Corea y la competencia, principalmente
de la computadora UNIVAC de la Remington
Rand que fue entregada al Departamento de Censos en 1951, condujo a IBM a producir su modelo 701, una
computadora científica 25 veces más rápida que la SSEC. Poco tiempo después IBM
ofreció los modelos 702, 704 y 705, los cuales fueron tan populares que la
competencia comenzó a quedar lejos y la empresa quedó en condiciones de llegar
a ser el líder en la industria de las computadoras.
En 1952, Thomas J. Watson Jr. llegó a ser presidente de IBM y una semana más tarde el gobierno
hizo cargos contra la compañía por la ley antimonopolios. Después de tres años
de negociaciones, Tom Jr., en contra de los deseos de
su padre, firmó el consentimiento a un decreto del Departamento de Justicia. Un
poco a su pesar, pero reconociendo el liderazgo mostrado por Tomás Jr., su
padre el 8 de mayo de 1956 le cedió la posición de CEO a Tom
Jr. Solo un mes más tarde, el 19 de junio, Tomás Watson padre fallecía de un
ataque cardíaco a la edad de 82 años.
En los 40 años transcurridos entre 1914 y 1953, IBM había visto aumentado sus activos por
un factor de 24, sus empleados por 34 y los negocios en procesamiento de datos
por 316. Los desembolsos por desarrollo habían aumentado 500 veces, y el
programa educativo que había comenzado con
charlas improvisadas había evolucionado a un programa anual que costaba
cincuenta millones de dólares.
Watson siempre había dicho que sus activos
más grandes eran sus hombres y cuando falleció su ministro religioso dijo que
la integridad había sido la raíz de su carácter.