HACE POR LO MENOS 5.000 AÑOS...
En el siglo XVII no fue la primera vez que el hombre trató
de resolver el problema de hacer más rápido los cálculos numéricos aunque ese
fue un vigoroso período para las matemáticas porque fue el auge de la
navegación y el comercio.
El primer aparato mecánico conocido para ayudar a contar es
el Abaco, cuyos indicios datan de hace 5000 años en la cuna de la
civilización en el Valle del Eufrates y el Tigris en el sudoeste de Asia. El
ábaco de polvo no era más que una superficie de cera cubierta de
arena donde se podían dibujar figuras con una aguja.
El ábaco como nosotros lo conocemos fue inventado en China en el
siglo II d.C. La versión china y el Soroban japonés -ambos extraordinariamente
rápidos- están todavía hoy en uso. Su eficiencia fue puntualmente demostrada
poco después de la Segunda Guerra Mundial cuando probó su velocidad y seguridad
una autoridad del Soroban Japonés Kiyoshi Matsuzaki del Ministerio de la
Administración de Correos de Japón y el Private T. N. Wood, el más experto
calculador eléctrico de escritorio que utilizaban las tropas de Estados Unidos
en Japón y el calculador americano tuvo una desgraciada derrota.
En varias formas, el ábaco existió en todas las civilizaciones de la antigüedad. En
la vieja Roma era una tabla de grava o tabla de madera mientras que en China,
Japón y Grecia se parecía a una estructura con cuentas de vidrio perforadas
colocadas en hilos de alambres paralelos.
En la Inglaterra medieval, una forma simplificada del ábaco comprendía de una tableta con espacios representando las
posiciones de los contadores, mientras que con monedas, botones u otros
pequeños objetos se hacían los cálculos. El mantel cuadriculado con forma de tablas
de ajedrez (checkered) de donde la Tesorería Británica toma su nombre
(Exchequer of England) era originalmente un aparato de cálculos de esta
naturaleza.
Un milenio antes del nacimiento de Cristo, en la Inglaterra
de la Edad Antigua, Stonehenge fue construida en la actual región de Salisbury.
Esta consta de círculos concéntricos de piedra y otros mojones y este monumento
ha sido un largo enigma para los arqueólogos. Está rodeado por una zanja
circular de 104 metros de diámetro y 1.5 metros de profundidad, dentro de la
cual hay un anillo de 56 hoyos conocidos como los Agujeros de Aubrey en honor
de su descubridor, el británico John Aubrey. En el extremo nordeste hay una
zanja que es la entrada a una avenida que se extiende en dirección al East Avon
River y que mide 23 metros de ancho por casi 3 km. de largo.
El monumento en sí mismo consiste en cuatro agrupaciones de
piedras concéntricas. En 1797 se cayó la piedra mayor del altar y en 1900
cayeron las piedras que estaban en posición vertical. En 1958 fueron
restituidas a su posición, tomando una apariencia similar a la que había tenido
durante la ocupación romana. Considerados por algunos como un calculador
astronómico, en Stonehenge ha sido demostrado por Gerald Hawkins en 1964 -con
ayuda de computadoras y basado en las posiciones celestiales del 1500 a.C.- que
se indican los solsticios y el comienzo de las estaciones, así como se
predecían eclipses de sol y de luna. Según como se unan los mojones de piedras
con flechas, estas apuntan al sol naciente y al sol poniente en los días de
solsticios de verano e invierno. También se podrían predecir las posiciones del
Sol y de la Luna con respecto a la Tierra
Una computadora astronómica posterior, esta de tipo mecánica, fue
recobrada de un barco hundido en las costas de Grecia en 1930 y atribuida al
primer siglo a.C. Este aparato contiene ruedas cuidadosamente diseñadas que
mueven un indicador frontal con una velocidad exactamente análoga a la de los
movimientos planetarios.
Antes de finalizar el primer milenio, Gerberto de Aurillac -un chico francés cuidador de ovejas, quién más tarde
sería el Papa Silvestre- hizo el primer intento en Europa Occidental de mecanizar
el ábaco. De Aurillac se dirigió a Reims, y sediento de
conocimientos, fue con el conde Borrell a Cataluña en cuyas escuelas estudió
varios años. Allí fue iniciado en las ciencias de los árabes. Tenía una gran
reputación científica y de él se dice que introdujo en Europa Occidental el uso
de las cifras arábigas y que inventó el reloj de péndulo. Dibujando sobre ideas
que tomó de los Moros, quienes entonces ocupaban España y el norte de África,
utilizó muchos años en perfeccionar su aparato, a pesar que éste nunca trabajó
adecuadamente. Tenía 1000 cuentas hechas de cuerno y colocadas en 27
divisiones. Dado que el concepto de cero era poco conocido su instrumento probó
no ser mucho mejor que las operaciones hechas a mano.
Hay reportes de otro Español llamado Magnus quien tomó la idea y alrededor del año 1.000 d.C. creó una
máquina de calcular de bronce, con la forma de una cabeza humana y los números
aparecían en el lugar de los dientes. Se dice que los sacerdotes de la época
pensaban que el aparato era superhumano y lo golpeaban con palos destruyendo
toda evidencia de su precisión.
En 1967 se descubrieron 2 volúmenes de Leonardo Da Vinci en la Biblioteca Nacional de España, en Madrid que
muestran al genio del siglo XV, nunca considerado como un apostante a los
problemas de cálculo, que realmente se hacía ciertas preguntas. Sus dibujos
describen una máquina que podía mantener un radio constante de 10:1 en cada uno
de sus 13 dígitos de ruedas registradoras. Ningún modelo real se conoce que
haya existido de este aparato y los expertos dudan que Pascal alguna vez haya visto los dibujos de Da Vinci.
En 1614, John Napier (1550-1617), Barón de Merchiston en Escocia, inventó los
logaritmos, por los cuales las matemáticas pudieron transformar la
multiplicación a suma y la división a resta. Napier estudió en el Colegio de
San Andrés y completó sus estudios en el extranjero, viajando a los Países
Bajos, Francia e Italia. Tuvo polémicas religiosas pues como buen puritano se
creía en el deber de atacar a los papistas católicos dirigiendo contra ellos
varios libelos. Para defender a su patria de la invasión de los papistas, de la
anticipada invasión de Felipe II de España, inventó dos espejos incendiarios,
un cañón y una especie de tanque con agujeros para poder disparar desde
adentro. Este fanatismo religioso no le impidió dedicarse a las abstracciones
matemáticas, por las que sentía gran afición. Ya en 1573 conocía las raíces
imaginarias. El tratado de logaritmos de Napier puede considerarse como uno de
los libros que mayor influencia han tenido en el cálculo aritmético y
trigonométrico. Se explican en él los logaritmos con referencia al movimiento
de puntos en una recta, y se basa en la correspondencia entre una serie
aritmética y otra geométrica. El nombre Logaritmo fue inventado por Napier.
El cambio de los logaritmos originales de Napier a los
logaritmos decimales fue hecho por Napier y Briggs y las primeras tablas de logaritmos decimales fueron
calculadas por Briggs, que publicó primero una tabla pequeña hasta 1000 en 1617
y luego un tratado “Aritmética Logarítmica” con los logaritmos de los números
hasta el 30000. Kepler recibió con gran entusiasmo la invención de los
logaritmos, lo que se comprende pues se trataba de un gran calculista. Napier
fue el primero que usó el punto o la coma para separar la parte decimal. Las
tablas de logaritmos dieron las bases para hacer largos cálculos hasta los
comienzos del siglo XX, cuando los calculadores mecánicos empezaron a hacerlos.
También desarrollado por Napier fue un aparato llamado “las varillas de Napier”. La
máquina era una tabla de multiplicación movible con varillas donde tenía
estampado los números. Cuando estas varillas se ponían en una apropiada
combinación se hacía directamente el cálculo de la multiplicación.
En 1623, año en que nació Pascal, Wilhelm Schickard, un profesor alemán de lenguaje bíblico
y astronomía, diseñó una máquina que podía sumar, restar, multiplicar y
dividir. Infortunadamente el modelo fue destruido por el fuego y nunca fue
vuelto a construir.